7 Consejos para mejorar el rendimiento escolar

7 Claves de la neurociencia aplicada al aprendizajeLa neurociencia aplicada al aprendizaje está avalada por la investigación reciente en neurociencia y psicobiología. En España, normalmente, las propuestas ofrecidas por la administración para mejorar la educación se basan en los razonamientos teóricos y filosóficos.

7 consejos para mejorar el rendimiento escolar

Aquí te dejamos unos consejos prácticos complementarios, basados en la neurociencia aplicada al aprendizaje, para mejorar el rendimiento escolar de los estudiantes a corto y medio plazo.

1. Hacer ejercicio físico asiduamente

Hacer ejercicio físico aeróbico favorece las capacidades cerebrales de las personas. Cuanto mayor actividad física se tenga mejor memoria se conseguirá y mayor flexibilidad y velocidad de procesamiento de información mental.

Con media hora de ejercicio diario puede ser suficiente para mejorar el tiempo de reacción y la velocidad de procesamiento de la información en el cerebro. Cuando hacemos deporte nuestro cuerpo produce una especie de lubricante. Con ello, se facilita el funcionamiento de la maquinaria cerebral para aprender, formar memorias y recordar.

2. Comer correctamente

Debemos comer alimentos bajos en grasas. Estas reducen la sensibilidad de unas moléculas cerebrales que forman parte de los mecanismos de plasticidad neuronal. Dichas moléculas hacen posible la formación de la memoria en el hipocampo y la corteza cerebral. Recientes investigaciones nos enseñan que una dieta baja en calorías facilita casi todos los procesos mentales.

3. Dormir bien y lo suficiente

El sueño es una forma cerebral de practicar y fortalecer lo aprendido durante el día. El sueño anticipado prepara al cerebro para aprender. Si el sueño es después del aprendizaje, éste potencia la formación y estabilización de las memorias. Las mismas neuronas se activan para guardar la información cuando aprendemos. Más tarde, se vuelven a activar al dormirnos. Es ahora cuando van más rápido, dando preferencia a las que registraron los aprendizajes a los que se atribuyó mayor importancia o valor de futuro.Bebé soñando

Para potenciar el aprendizaje no es necesario dormir las típicas 8 horas. Una siesta de una o dos horas puede ser suficiente, aunque períodos más largos suelen ser más provechosos.

Además de facilitar el aprendizaje y potenciar la memoria, el sueño coloca los contenidos del cerebro posibilitando la integración de la nueva información aprendida en los esquemas de conocimiento ya existentes en el cerebro. Así, se facilita el descubrimiento de reglas y regularidades ocultas en la información recibida, generando inferencias. De este modo, se transforma el conocimiento implícito en explícito e influye en la intuición y creatividad.

4. Practicar frecuentemente lo aprendido y recordar

La memoria que usamos cuando pensamos, razonamos, planificamos el futuro y tomamos decisiones es la memoria de trabajo. La filosofía o las matemáticas promueven este tipo de memoria, muy unida a la inteligencia fluida. Esta tiene la capacidad de razonar y resolver problemas con independencia del conocimiento adquirido recientemente. La práctica intensa en memoria de trabajo incrementa la actividad de las cortezas prefrontal y parietal del cerebro de la que depende. También aumenta las conexiones neuronales entre ambos hemisferios cerebrales.

El recuerdo lo usamos para evaluar lo aprendido y para seguir aprendiendo. Preguntar sobre lo que acabamos de aprender mejora la memoria a largo plazo, promoviendo el reclutamiento de los circuitos neuronales del recuerdo en las subsecuentes oportunidades de estudio. También ayuda a poder atender largos periodos. De este modo se evitan las distracciones cuando estudiamos leyendo en la pantalla de un ordenador. Esto aumenta la sensación que tiene el alumno de estar aprendiendo y reduce su ansiedad respecto a evaluaciones posteriores.

Para motivar al alumno y concentrar su atención hay que estudiar haciendo preguntas. Este método sirve para enseñar a alumno a trabajar y coger autonomía para aprender. Es también un modo de aumentar la capacidad del alumno para aprender por sí mismo en el futuro.

5. Coger el hábito de leer desde pequeños

Para mantener en forma el cerebro, uno de los mejores ejercicios es leer. Cuando leemos se activan un gran número de procesos mentales. Entre ellos, los más notables son la percepción, la memoria y el razonamiento. Pero, como hemos dicho, son muchas las áreas cerebrales de ambos hemisferios las que se activan e intervienen en el proceso.Dos niños entretenidos leyendo en el campo

Cuando interpretamos lo leído a través de los recuerdos, activamos el hipocampo y el lóbulo temporal medial del cerebro. Ambas zonas son básicas para la memoria. Lo emocional de lo leído activa la amígdala y otras áreas emocionales del cerebro. El razonamiento sobre el contenido y la semántica de lo leído activa la corteza prefrontal y la memoria de trabajo.

La lectura refuerza también las habilidades sociales y la empatía, además de reducir el nivel de estrés del lector. Leer es una acción que, como ejercicio para la mente, tendría que estar incluida en la educación desde pequeños y no dejarlo nunca.

6. Aprender otras lenguas desde pequeños

Está demostrado que los niños que aprenden otro idioma desde pequeños y no lo dejan nunca, tienen una mayor atención selectiva y más desarrollado el hábito de conmutar contenidos mentales. Esto les facilita la adquisición de aprendizajes complejos, especialmente los que implican cambios en las reglas de ejecución. De hecho, la mayor capacidad de ejecución y flexibilidad mental de las personas bilingües se nota a menudo en la vida diaria.

Profesores, padres y tutores son básicos en la estimulación lingüística de los primeros años de vida. Estudiar música puede tener un efecto parecido al de aprender un nuevo idioma ya que es también otra forma de lenguaje.

7. Mejor exámenes orales a los escritos

Los exámenes orales, nos permiten poder hacer una evaluación más rigurosa de lo estudiado. Además, incitan a los alumnos un tipo de estudio más basado en la comprensión de los materiales y la información que en su simple memorización. También produce una memoria a largo plazo mucho mejor que quien estudia repasando una y otra vez.

Las actividades mentales o intelectuales que suponen esfuerzo y desafío son más útiles para formar buenas memorias que las que se realizan sin apenas esfuerzo.

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