Qué es y cómo implantar la disciplina positiva

Familia de padre, madre, hijo, hija y perro, sentado en un prado sonriendoPor tradición y, posiblemente por desconocimiento, solemos corregir las actitudes incorrectas de nuestros hijos con la disciplina punitiva clásica, basada en el castigo. Con la que, si bien obtenemos una corrección inmediata, esta se obtiene en base al miedo, no de una forma consciente. No es lo idóneo para educar niños responsables a largo plazo.

Disciplina positiva vs castigos

En la actualidad, cada más expertos y familias están apostando por un modelo educativo en el que se intercambian los gritos y castigos por el respeto entre ambas partes, una responsabilidad del niño y las consecuencias conscientes de sus actos.

Aunque el término Disciplina Positiva lleve implícita la palabra “disciplina”, esta se ha ido degenerando a lo largo del tiempo. Disciplina viene del latín “discipulus” que significa “discípulo o alumno”, es decir: “el que recibe una enseñanza”. Nada que ver con el significado actual
La creadora de la disciplina positiva es la doctora en Psicología Educativa, Jane Nelsen y, según sus propias palabras:

“La disciplina positiva trata de establecer una conexión antes de la corrección, porque el objetivo principal es desarrollar el sentido de pertenencia e importancia. Una vez los estudiantes desarrollan esta conexión − con la comunidad, la familia, la escuela…−, están preparados para aceptar correcciones desde la amabilidad y la firmeza. Otro aspecto significativo del programa es que no se centra en los castigos, sino en aportar soluciones.”

La disciplina positiva busca que el niño sea responsable y aporte soluciones a los problemas de manera educada y colaborativa. Una vez interiorice esta forma de actuar, lo hará a lo largo de su vida.

Este modelo choca frontalmente con la idea de que el castigo, en sus múltiples formas (azote, gritos, la silla de pensar, ir a la cama sin cenar… etc), es efectivo. Con ellos se consigue un resultado a corto plazo pero, una vez que desaparece el factor que le hace obrar de forma disciplinada, su conducta se vuelve impredecible.

Cómo poner en práctica la disciplina positiva en tu familia

  • La disciplina positiva no exime de tener límites y directrices claras de comportamiento. Se trata de que entiendan porqué no deben sobrepasarlos y lo respeten
  • Debemos consensuar entre todos los miembros de la familia y, de manera participativa, las normas y los límites
  • Hay que escuchar, validar y entender las emociones de los niños, sean cuales sean y en el momento en que las expresen.
  • Proporcionar seguridad emocional.
  • Demostrarles con palabras y gestos (besos, abrazos y caricias) cuanto les queremos
  • Fomentar el pensamiento independiente y practicar la negociación ante cualquier diferencia.
  • Y, sobre todo, hablar, jugar, divertirse y pasar tiempo con ellos.

Como puedes comprobar, implantar la disciplina positiva en el entorno familiar no requiere de un gran esfuerzo y aportará bienestar y salud mental a tu familia, mejorando considerablemente las relaciones entre padres e hijos y formando niños y niñas independientes, preparados y responsables.

 

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