¿Son útiles los castigos para educar a nuestros hijos?

¿Los castigos son útiles para educar a nuestros hijos?¿Son útiles los castigos para educar? Esta es una pregunta que se hacen infinidad de veces madres, padres y tutores. De hecho, éstos, en muchas ocasiones necesitan usar el castigo como apoyo a su táctica educativa. Aunque no estén a favor. Es entonces cuando se preguntan si el castigo no es más bien un fracaso del educador.

Diversos estudios en psicología han señalado que el castigo es válido para corregir el comportamiento inmediato, pero no varía la conducta a largo plazo. Según estas investigaciones, es probable que logremos acabar con eso que estén haciendo mal rápidamente, pero sin lograr interiorizar nada de la experiencia.

Razones por las que los castigos son útiles para educar:

A pesar de que, según la mayoría de psicólogos, existen más desventajas que ventajas en utilizar castigos, muchos educadores creen que, en según qué circunstancias, son necesarios aplicarlos para corregir una conducta o ejemplarizar.

Por ejemplo, cuando existen actos intolerables y se se repiten de un modo insolente. Según opiniones de una parte de educadores y especialistas, es necesario “parar los pies” al que se porta mal. Además de servir como consecuencia directa de la actitud o la acción hecha por el niño, también sirve de ejemplo para otros niños, bien sea en el ámbito familiar o en el escolar.

Mamá regañando a su hija

Razones en contra de los castigos

Otros especialistas en educación infantil, opinan que, si se opta por castigar, el castigo debe ir acompañado de otra acción de contacto personal afectivo y orientador. Con esto, el castigado verá lo que ha hecho mal y, una vez aceptado el castigo como una consecuencia de sus actos, juntos, y de una manera sosegada, se escuchan las justificaciones, se buscan las causas y recomendamos al castigado pequeños consejos factibles para mejorar personal, familiar o escolarmente. De este modo le haremos ver que seguimos confiando y tenemos una expectativa positiva hacia él.

Cuando usamos el castigo se entorpece la comunicación. Mediante gritos, amenazas, silencios o castigos físicos se daña el vínculo existente entre tutores y tutelados. Esto es así porque normalmente tendemos a evitar la relación con el castigador, a escondernos de él, a ocultarle cosas e incluso a mentirle.Madre y padre regañando a su hija

Hay estudios que confirman que el castigo puede crear sujetos agresivos. Todos sabemos que los padres son el espejo donde sus hijos se miran. En este caso, sirven como modelo de agresividad, y cuando el niño ve que usando la fuerza, sobre todo la agresión física, es eficaz y aceptable para conseguir lo que queremos, imitará esta conducta en su trato hacia los demás.

El castigo también puede producir inseguridad y miedo a la autonomía. Muchos niños no se atreven a tomar la iniciativa y la responsabilidad por miedo a las represalias en caso de equivocarse. Éstos, necesitarán la aprobación de una persona mayor en cada cosa que hagan para asegurarse de que no van a fallar.

¿Cómo puede ser beneficioso un castigo?

Según los expertos, lo ideal es que el castigo consista, si es posible, en rehacer lo que no se ha hecho o se ha hecho mal. Estos afirman que “no deberíamos usar castigos meramente vengativos. Debemos esforzarnos por idear castigos reparadores”. Y para ello, deberían cumplir una serie de condiciones:

  • El castigar no consiste en humillar. Tenemos que salvaguardar la autoestima del menor. Hay un principio muy recomendado por expertos que dice “elogiar en público, censurar en privado”. El castigo en sí no debe radicar en actos degradantes para el niño, sobre todo ante hermanos o compañeros.
  • El castigo tiene que ser proporcional a la falta. Además, hay que tener en cuenta la edad, el grado de madurez y la personalidad del castigado. Hay que evaluar sus circunstancias personales.
  • Hay que distinguir entre mala intención y mera precipitación o imprudencia. Aunque la imprudencia temeraria también se debe castigar. Para ello, se deben evaluar más las actitudes e intenciones que los daños realizados.
  • Los castigos absolutos e indefinidos (tipo: ya no tendrás mas pagas o vas a estar un año entero sin la tablet) no sirven para mejorar. Muchas veces éstos acaban con comportamientos aún peores. Además, los castigos desproporcionados desprestigian la autoridad de quien los impone, pues raramente se cumplen y se acaba cediendo.
  • El castigo corporal no es recomendado por nadie en absoluto porque sólo tiene inconvenientes. Es humillante, produce agresividad, no se aprende ninguna buena lección de ello y no tiene nada que ver con el mal causado.

Después de saber todo esto ¿tú crees que los castigos son útiles para educar?

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